sábado, 14 de abril de 2012

-XVI-

Je me suis levé à minuit et se tourna les yeux au ciel
et ne voit pas les oiseaux, les oiseaux dans le ciel
Et je, et je, et je pensais que j'étais sous la mer
avec mes pieds sur la mer des Caraïbes.
Avec les poissons de parler.

Aussi, je pensais aussi
vous ne voudriez pas mes lèvres
et serait la mort de Maupassant
souterraine, à vos pieds.
Et sur ma tombe,
et d'écrire sur ma tombe
vous avez menti à ce moment-là.

La vie, la vie, j'ai rêvé que je habillée dans mon coeur
pomper le sang à mon piano
en cours d'exécution plus que mes mots
et transformé en chanson
et les mots étaient une bonne

Aussi, je pensais aussi
vous ne voudriez pas mes lèvres
et serait la mort de Maupassant
souterraine, à vos pieds.
Et sur ma tombe,
et d'écrire sur ma tombe
vous avez menti à ce moment-là.

Traducción:

Me levante a medianoche y volví mis ojos al cielo
y no ví ningún pájaro, los pajaros en el cielo
Y yo,y yo, y yo pensé que estaba bajo el mar
con mis pies sobre el mar del caribe
Con los peces hablando.

También, también pensé
que tú no querrías ver mis labios
y sería la muerta de Maupassant
bajo tierra, a tus pies.
Y en mi lápida, y en mi lápida escribiré
que te mentí en ese momento.

Vida, vida, soñé que iba vestida con mi corazón
bombeaba sangre a mi piano
que corría más que mis palabras
y las transformaba en canción
y las palabras eran buenas

También, también pensé
que tú no querrías ver mis labios
y sería la muerta de Maupassant
bajo tierra, a tus pies.
Y en mi lápida, y en mi lápida escribiré
que te mentí en ese momento.

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lunes, 13 de febrero de 2012

Los alocados hobbies de Miss.Sweetfinger

Actualmente estoy trabajando en varios proyectos que me tienen bastante ocupada, así que para aquellos que me siguen animando a escribir, les dejo este pequeño aperitivo (sin más pretensión de ser un aperitivo) para poder sobrellevar este "break" que se está alargando más de lo que desearía.

Espero poder volver a escribir con regularidad pronto.

¡Saludos!



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Los alocados hobbies de Miss Sweetfinger

Era un soleado día en Aunt’n’Ville y después de pasar la mañana cuidando de sus hermosas orquídeas, la señora Sweetfinger se dirigió con sus pasitos calmados a la cocina dispuesta  a refrescarse con una deliciosa limonada. Para sus sorpresa, cuando fue a  dejar sus utensilios de jardinería en un armario de la cocina, un ratoncito rápido escapó entre sus piernas haciéndola gritar y dar vueltas como un molinillo. Tras unos segundos de gritos desesperados, una chispa de valor se encendió en ella; cogió un bote de galletas vacío hace tiempo y atrapó al escurridizo roedor. <<¡Vaya! >> Eso le recordó una de sus tareas mas importantes.

Decidida, lenta y sonriente fue a su armario, se puso su traje de Kevlar y cogió “Pequeño caballero” de la estantería, sin olvidar el bote de  galletas, claro. Salió de nuevo al jardín y fue al invernadero de la parte de atrás.  <<¡Hola mis amores!>> Se sentó en un pequeño banquito con grabados de violetas al lado del hijo de los Cougar y abrió “Pequeño caballero” por la página 200. A la madre no pareció hacerle mucha gracia que la amable anciana quisiese enseñar un poco de educación a ese pequeño bastardo, el cual encontró comiéndose a su querido Sr. Bigotes dos meses atrás. Pero a la señora Sweetfinger no le importó que la señora Cougar intentase comerse su brazo otra vez, así que le tiró el ratoncito que había en el tarro. Era divertido ver como tres de aquellas solitarias y pútridas criaturas perseguían babosamente su cena, pero no era tiempo de ocio, era el momento de actuar como una buena abuela.

- “Punto 469; el pequeño caballero, en la mesa, nunca comerá con la boca abierta”

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viernes, 20 de enero de 2012

Decálogo del saber hacer.

Hola; me llamo Dánae y soy me autodenomino amante de la cultura, pero me llaman “pirata”.

Amo el cine, pero cada vez que quiero ir a ver una película es como si fuese a una cena de gala, una de estas cenas que gastas más por estar ahí que lo que realmente te dan y además te engañan diciendo que parte de tu cubierto va destinado a una ONG.

 Amo la música, pero comprarme un cd es como contratar a la banda para que toque de forma privada solo para mí y darle los restos de mi comida mientras las productoras están a mi lado palpándome las venas para ver cual es la más propicia para sacarme la sangre.

 Amo la literatura, pero cuando me compro un libro mi bolsillo sabe que con ese acto tan honrado, estamos asesinando al animal mitológico que los pare, y que “best-seller” es una justificación más que dudosa para cobrar 30€ por 190 páginas.

El gobierno sabe la satisfacción materialista y consumista que me produce ver todos esos artículos en mi biblioteca, y me imaginan retozándome como una cochina entre páginas abiertas o con la última edición remasterizada con comentarios del director en 28 idiomas distintos de mi película favorita. Por eso, y sé que lo hacen por mi bien, me llaman “pirata”.

Pirata porque no puedo permitirme ir al cine y a festivales, y me descargo todas las películas que puedo. Y me siento como una yonqui a la que le dan metadona en vez de caballo.

Pirata porque me descargo gigas de música para poder bailar con ella y que me acompañe dónde vaya. Por recomendar ese disco tan curioso y ahorrar para poder ver en directo a los artistas que lo han creado con la esperanza de decirles a  la cara “tu música a cambiado mi vida”.

Pirata por dejarme los ojos en las pantallas del ordenador para poder leerme sagas completas, que en precio equivalen al producto interior bruto de Suiza.

Así que señores de la SGAE, partidarios de SOPA y HADOPI… ¿Tenéis alguna solución para mi enfermedad? ¿Machacar mis sesos contra una pared y enterrar mi curiosidad bajo quilos de vulgaridades y fingir ser una estúpida inconsciente y paleta?¿Fingir ser un borrego y que me de igual todo?
Lo entiendo, usáis ese término despectivo y me consideráis una criminal por mi bien, pero QUE CARAJO. NUNCA HE HECHO CASO DE LO QUE DICEN DE MI, UNA MIERDA OS LO HARÉ A VOSOTROS.

jueves, 29 de diciembre de 2011

-XV-



"Hoy, vivimos en una sociedad que solo sabe hablar de sí misma. Vivimos agobiados y condicionados por nuestros miedos… pero confía en que un día, los pocos que miran al cielo ilusionados, transmitan a las futuras generaciones su pasión. Serán ellos, aquellos que no miran su ombligo si no a las estrellas, los que narren las historias más hermosas"


Y esas serán las palabras de los padres, dichas a ellos por sus abuelos, que a su vez fueron transmitidas por sus propios abuelos. Y así, de hijos a hijos, un día, un niño curioso crecerá y descubrirá grabada en las piedras de un planeta lejano una crónica de amor y guerra, y en ella leerá estas palabras:


"A los viajeros me dirijo, a vosotros que sois los niños del universo. Tibisay la anciana me llaman, y de buen saber os digo que donde ahora hay ruinas, se alzó una ciudad hermosa y de majestad sin igual.
Melina es el nombre de la tierra que pisáis, tierra que dio a luz unos hijos arrogantes llamados Febo y Vernón, cada uno gobernante de su casa. Ambos dividieron el mundo en dos y enseñaron a sus vasallos a odiarse para beneficio de su propio deseo de ser  señor de un mundo que no les pertenecía. Midieron fuerzas y derechos durante años, pero no fueron ellos los que derramaron la primera gota de sangre.
El pueblo de Melina estaba tan confuso, tan lleno de desprecio, que un día, un hermano mató a un hermano solo por comerciar con el otro lado de la frontera que delimitaba el territorio de ambas casas.
De esa forma tan cruel, comenzamos a luchar entre nosotros durante tantas generaciones que el motivo se olvidó. Los guerreros engendraron guerreros y el significado de la palabra compasión y perdón se debilitaba a cada nuevo nato.
Las tierras que por entonces habían sido fértiles, ahora eran envenenadas y bombardeadas… ya nadie se dedicaba al cultivo ni a cuidar del ganado. Herreros eran la mayoría, y si no, soldados. Y una lid no da de comer a un pueblo agotado.


Siglos después de ese desdichado momento en el que se olvidaron los lazos de sangre, las casas regentes contaron con nuevos herederos con el peso de levantar el nombre de su linaje y devolverle al mundo la vida que sus antepasados le habían robado.
Cuando Melina ya no pudo beber tanta sangre y la muerte ganaba a la vida, ambos descendientes de tan altas casas decidieron una última y gloriosa batalla donde uno de los dos caería, poniendo fin a una guerra que había durado demasiado.


El día escogido para la ofensiva ambos ejércitos se lanzaron sedientos de victoria y paz, y es ahí cuando ambos capitanes se miraron a los ojos por primera vez.
Se enfrentaron ambos con honor, mano a mano, con los soldados expectantes a su alrededor.
En una estocada, Agenor, hijo de la casa de Febo, cayó y quedó a merced del acero de la heredera de la casa de Vernón. Con sorpresa y rabia, esta última palideció cuando miró al enemigo derrotado a sus pies, y encontró en sus manos una astillada espada de madera.


<<Lider sin orgullo, ¡Mancha de tu linaje!>> le llamó  <<¿Que acaso no deseas el narrar de tu victoria, y que el nombre de tu perdure para la eternidad?¿No deseas la grandeza de, con mi sangre, traer la paz a este mundo agotado?>> y con rabia lanzó la espada que lo atenazaba bien lejos, pues  esa muerte sería una mancha innoble en sus manos.
<<No>> contestó él  <<Durante años, ataviado como un mendigo, he paseado por tus calles. Al principio quería conocer a mi adversario y todas las debilidades de su pequeño mundo. Quería jactarme de la decadencia de los tuyos, pero un día, mientras andaba renqueando cerca de tu palacio, te me acercaste. Te conté una triste historia en la que unos hijos falsos morían de hambre, y una desesperada esposa inexistente lo hacía de pena. Tú, en tu bondad, me diste carne de tu mejor ganado y las ropas más calientes. Y después de mi, fuiste casa por casa, repartiendo tus bienes y sufriendo por las heridas en el alma de cada uno de los tuyos. Tu pueblo muere igual que el mio, pero tú mueres con él, mientras yo en mi orgullo poseía la vida eterna. Así, reniego de la inmortalidad de mi nombre, y me arrodillo ante ti, Señora  de Melina. >>


Ante estas palabras, la que a partir de ese momento sería gobernante, ofreció a Agenor el perdón y la absolución de los errores de sus abuelos, pero él se negó. Como un ermitaño, abandonó el planeta sólo con la vergüenza de su propio orgullo egoísta y la de aquel Febo que murió mucho antes de que él naciera y por el capricho del cual empezó una guerra. En el personificó los errores del pueblo, y con su vagar eterno y sin rumbo, sería él quien llevara tal deshonor a las estrellas para que su brillo purificase a cada uno de los habitantes de Melina.


Mientras estas líneas son escritas, muchos miran a las estrellas, y honran al hijo de Febo para que limpie sus errores. Y cuando ellos rezando, soy yo quien agacha la cabeza, y susurro para mis adentros el nombre del hombre e imploro que me de fuerzas para mantener la paz que de su sacrifico surgió al poner su vida en mis manos.


                                                                                                                       Tibisay de Vernón "




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viernes, 23 de diciembre de 2011

-XIV-



Ya el cielo brilla 
y susurran en mi alma
los deseos de la bella

Criatura hermosa de pies ligeros
con sus brazos dibuja
lo que siento por ella
Gira con la música y para con mis letras

Criatura mía risueña
en tus ojos curiosos
nacen mis ideas.
Ya eres cómplice de mis anhelos
Aún sin saberlo.

En cada movimiento
danzas en mis sesos:

Soy esclavo de tu sinfonía
y en cada uno de tus pasos
narraré por siempre tus besos.

Brinca ninfa rosada

con tu alegría como alabarda,
rompe las penas!

La naturaleza sonríe ante tu gracia

Mi ángel liviano;
bendito soy por tu esperanza








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jueves, 22 de diciembre de 2011

-XIII-

Mar calmado,
teñido de ámbar por el planeta
que entre brumas,
se oculta lento en su horizonte.
Y una goleta llena de abandonados,
se dirige solemne hacia él.


Mientras yo espero en la orilla,
rezo por la paz de los valientes.


Dejo la tierra arremolinada a mis pies
y siento el sol que me abrasa.
Dejo que las estrellas,
que hoy son hilos de plata,
me lleven a mi mar.


Pero no, ¡No es mi mar!
este que llena mis pulmones de sal.
¡No es mi mar!
Este que me atrapa como un fiero amante,
este que no me da la libertad.


Que maleficio a dado el astro
a mi madre acuosa.
Con su humor cambiante me abrazaba,
y me susurraba al oído
cuando quería estar sola.


¡No es mi mar!
Este que añade pesos a mis pies
y nubla mis ojos de color oro.
¡No es mi mar!
Este que apaga mis suspiros...
¡No es mi mar! No es mi mar...




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martes, 20 de diciembre de 2011

-XII-

Cuenta la leyenda que el destronado rey mono habitaba las minas de san Francisco. Cuando despuntaba el alba, salía de su oscuro hogar y recogía el fresco rocío de las flores, con cuidado, para acumularlo todo. Andaba entre árboles y desfiladeros para guardar con cuidado en los mismos cubos en dónde guardaba una a una las gotas de agua, a cada pequeño pececillo solitario que peleaba por la vida en los lagos ahora secos. Luego, pacientemente, subía a los tejados y regaba las abandonadas azoteas, ahora convertidas en estanques preciosos por él. Con la luz del día observaba la vida pura y le hacía sentirse bien.
Una vez terminaba con su tarea, volvía a su puesto de vigilante en un alto pilón lejos de los edificios, y bajo una sombrilla multicolor observaba con ojos cansados la ciudad ahora teñida de naranja atardecer.  Con el peso de sus mil años a la espalda, volvía a la oscuridad para dormir una solitaria noche más.


Un día despertó con el sonido atronador de la ira. Cuando salió fue corriendo a su pilón y cogiendo unos prismáticos pudo ver una clase de vida que le recordaba tiempos pasados y  creía olvidada.
Hombres mujeres y niños subían con esfuerzo a las azoteas, dónde recogían el agua y se peleaban por los peces que descansaban plácidamente en los estanques día a día. Gritos, mordiscos, risas y desesperación creaban un lenguaje primigenio que él en su día habló y entendió que esos humanos errantes eran sus hijos, y los debía proteger.


Corriendo lleno de gozo al ver acabados sus días de abandono, trepó rápidamente por las vigas corroídas y alcanzó la primera azotea.


“¡Yo soy el que fue! ¡Padre de todos! En mi cobijo no encontraréis el hambre ni la desdicha” El antiguo rey alzó sus manos en señal de hermandad para mostrar la grandeza de su corazón que ahora era feliz por recuperar a su familia.


“Mirad ahí” gritó una mujer “Es una criatura aún viva, y huele a carne y sangre”


 “Mi estómago ruge desde el último ciervo” gritó un hombre y el rey solo escuchó palabras de alegría.


 La mujer se lo hecho a la espalda como a un niño y ambos bajaron  al pie del edifico, dónde los humanos se reunían alrededor de una hoguera para ahuyentar el frio que las cenizas de la guerra habían dejado. Aquellos seres lo miraban ojerosos y con los pies llagados del largo camino. Al comprender sus pequeñas mentes lo que tenían ante ellos, la sus ojos se iluminaron de esperanza y una brizna de inteligencia. “Asémoslo” decía un joven con apariencia de anciano, “No, despellejémoslo y con su piel hagamos coberturas para nuestros pies dolidos” dijo un pequeño que no pesaba más que el aire, “¡Hagamos eso y más!. Tomaremos su piel y comeremos su carne asada. Beberemos su sangre y humedeceremos nuestras secas gargantas” dijo un adulto grande como un árbol con voz decidida, y todos se lanzaron con ojos golosos a por el rey. 


El pobre mono los acogió, y un niño mordió su brazo. El ser milenario dio un brinco hacia atrás y comprendió que el idioma de sus hijos ahora era muy diferente al suyo, tanto que ya no era el mismo.  Él hablaba de amor, convivencia y protección. Ellos hablaban de hambre, rabia e instinto. Habían perdido la capacidad de la comprensión y la compasión.
Huyó bosque a través con los humanos corriendo y ladrando tras él. Saltaba por los árboles y ellos saltaban, esquivaba troncos traicioneros y ellos los esquivaban… no había salvación hasta que ante sus ojos se abrió un claro hacia un precipicio. Parado en medio del claro vio como los humanos olisqueaban el aire imaginándose su carne cocinada y en sus bocas, oía sus estómagos rugir.  Se dio la vuelta y corrió, corrió sin cesar hasta el precipicio y se lanzó.
Cien gritos se alzaron en ese momento, cien maldiciones los siguieron. Derrotados y hambrientos, los humanos se marcharon.


Desde una rama que crecía en las paredes del precipicio el rey los escuchó. Comprendió que el tiempo había vuelto atrás y que le esperaban mil años más para que sus hijos hablaran con él. Silencioso y esquivo volvió a su hogar, y en la oscuridad , con la esperanza y la pena como compañeras, decidió dormir un siglo más.





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viernes, 4 de marzo de 2011

- XI -

Ese día estaba yo sentada, sumida en mis ensoñaciones, cuando vi que entró por la puerta un amor imaginario. Venía con un enorme ramo de rosas rojas para rescatarme. Me cogió de la mano y me llevó muy lejos.


Años después desperté de mis fantasías y vestida con harapos comencé a buscar algo de comer entre la basura.
Ahí, brillando como un rubí entre las sucias paredes de una mina, encontré una hermosa flor, una rosa, y cortando su hostil tallo lleno de espinas, guardé el capullo de pétalos aterciopelados muy cerca de mi corazón. Un regalo solo mío.


Al girarme encontré un desierto con una extensión mayor que la de los pensamiento y tras de mí, unos gruñidos salvajes surgidos de la nada como el bosque que los cobijaba.
Unas hambrientas bestias me rodeaban, pero no me querían a mi, querían mi regalo. Armada solo con mis manos me enfrenté a ellas. Era una constante persecución a la par, me escurría entre dentelladas, parecían atraparme, pero no me atrapaban. Los cogía y se escuchaba el crujir de sus cuellos, pero por cada uno que expiraba otro aparecía en su lugar.
Ya agotada crucé los brazos ante mi pecho y me dejé al destino. Pronto esas criaturas voraces comenzaron a arrancar la carne de mis huesos buscando desesperadas un brillo rojo, pero ese se ocultó con mi sangre.


Se fueron derrotadas dejando tras de sí un esqueleto limpio.


Ya no sentía vergüenza, ni miedo ni angustia. Conseguí que mi pasado y mis sueños quedaran atrapados entre las blancas costillas, al fin dentro de mí.


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sábado, 26 de febrero de 2011

- X -

Soy aquella a quien acude la gente con dudas,


la madre de las incógnitas


el misterio hecho carne.


Soy la salida a las mentes obstruidas.


La fantasía inconclusa que regala los minutos atrasados,


perdidos en los pensamientos.


En realidad no soy persona.


Ni vivo, ni siento.


Soy la cuna y la suave brisa que te adormece para que no sufras


Limpio tu tiempo paso a paso


para que tu mente viva vacía un día más


y respiren tus ojos aires sin penas.


Cuando las dudas marchan, yo marcho.


Ya no soy misterio, ya no soy incógnita.


Entonces vivo y siento.


Me mezo en la tormenta de mil pensamientos


y me aferro a las palabras


para que no se me lleve el viento.


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- IX -

Un monstruo, una aberración. Formado por miles de esferas húmedas, jugosas y palpitantes. Creaban todas ellas una figura alargada y delgada, de brazos largos. En la cara llevaba una máscara con dos enormes huecos donde deberían estar los ojos y una sonrisa cadavérica. Todo esto sin llegar a parecer una calavera, pues la máscara era mas redonda y claramente plana. En una de sus manos llevaba dos hilos de los que pendían otras dos esferas capaces de alzarse a la voluntad de la criatura que las llevaba atadas.
Estas últimas le servían para poder ver a través de muros y en los pisos mas altos. Podían colarse a través de rendijas lo suficientemente anchas y volver a su dueño con rapidez. Cuando tienen que observar, giran sobre si mismas y se tornan dos esferas de un blanco lechoso y pringoso.


Si le haces saber que sabes de su presencia, rompes su aura de sigilo y puedes provocar una ira incendiaria que te perseguirá hasta que su grito agudo esté a un centímetro de tu oreja.


El monstruo simplemente mira, pasea con sus largas piernas y vigila. Vive en otra fase, siempre cerca de nosotros, y solo lo verás cuando estés a punto de dormirte y por una mala jugada de tu mente abras los ojos antes de cerrarlos para volver apaciblemente al mundo de los trucos de tu mente. Creerás que es un sueño, una mala alucinación, pero está ahí.
Mejor sigue durmiendo.

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domingo, 19 de diciembre de 2010

- VIII -

Alea era mi vida, su sonrisa lo iluminaba todo.
Entre sus brazos me acunaba, me negaba a sentirme solo.
Por su alegría la amaba
Pero ahora se que solo jugaba a buscar sus esperanzas en otros.
Como una maldita absorbió mi alma.


Ahora se que tras su sonrisa se ocultaba la culpa.
Pues cuando el sol se ponía, mi niña era atormentada.


La pequeña Alea soñaba sueños dulces con hebras de oro
Iluminaban su camino, y entonces la luz se apagaba,
Su perra, Suerte, le daba la luz de sus ojos
Cuando el sol surgía, Alea anunciaba con su dulce tono:
“Esta noche otra hebra de oro se ha roto”
Y era feliz de nuevo, volvía a iluminarlo todo.


Al ponerse el sol, mi vida cambiaba.
Volvía a ser la dichosa Alea amargada.


Un día la descubrí, ahogada en sollozos
“He buscado las hebras de oro,
En mi pecho he buscado el calor y solo he encontrado un demonio,
Me cierra los ojos con sus garras de oro.”


“Mi Alea, alma mía, yo te daré el calor de mi vida.
Lucharé contra tus demonios, ya sea o no uno solo.
Tus sueños ya no serán de dulzura y tormento.
Permíteme entrar en tu pecho”
Y al mirar donde debiera estar su corazón encontré una gran herida
Pude ver como la triste Suerte la lamía.


Yo desesperado, Suerte rendida, y ahora era Alea quien sonreía.
Por el ventanal despuntaba el calor del día, y ella anunció en su dulce tono:
“Esta noche otra hebra de oro se ha roto”

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lunes, 13 de diciembre de 2010

- VII -

La feria del fin del mundo.


Levanté y vi por mi ventana como en pleno centro del pueblo un grupo de gente se dedicaba a montar una feria fantástica, llena de tenderetes de color blanco, con una sola atracción, una pequeña y hermosa noria justo en el centro. Los creadores parecían ignorar a la multitud congregada alrededor de esa obra que aportaba novedad y sorpresa a un lugar dónde la rutina era la guía de todas las vidas que en el habitaban.
Me vestí y salí corriendo para unirme bajo el día soleado. Contemplé como los trabajadores luchaban contrarreloj por levantar la feria, ausentes de lo que les rodeaba. Cuando atardeció, retiraron con magnificencia y sin presentación alguna las vayas multicolor que prohibían el paso, invitando a entrar a todo aquel que lo deseara. Niños, adultos, jóvenes, ancianos… Todos entramos emocionados y pudimos disfrutar de un maravilloso espectáculo de colores y de gente que paseaba haciendo contorsionismo, otros dándonos caramelos, payasos sacándonos carcajadas cuando menos lo esperábamos, acróbatas... Fue como un aliento de vida.


En los tenderetes los artículos mas extraños y fascinantes, e incluso podías probar comidas de todas partes del mundo, seguramente con recetas regaladas de los mismos miembros de la gira, que eran de los lugares más dispares. Chinos, Árabes, Indios, Noruegos, Ingleses, Japoneses, Latinos, Españoles… Algo que nos resulto casi de los más impactante, ya que siempre fuimos una comunidad algo aislada, y tanta heterogenia nos resultó emocionante.


Al llegar las 8 todo paró, y de entre la gente salió un hombre trajeado con colores extravagantes. Se escucharon susurros y alguna que otra exclamación cuando el personaje empezó a trepar por la noria con la agilidad de un gato, para desde su cumbre, invitarnos a entrar a la más grande de las carpas. Una mole de tela fina blanca como el marfil, que reflejaba la luz del atardecer como si fuesen fuentes de oro. Como guiados por una sola conciencia, nos dirigimos a ese lugar lo bastante grande cómo para acogernos a todos.


Igual que comenzó la feria, comenzó el espectáculo. Todos aquellos miembros que vimos volteando por la feria se reunieron allí y pudimos disfrutar de las mas complejas figuras y acrobacias que nos robaron el aliento.
El momento culminante llegó cuando la pista quedó vacía, y en ella, a paso tranquilo apareció una pareja vestida con unos hermosos trajes a juego. Una vez en el centro, comenzaron a bailar.
Suaves movimientos hipnóticos, una dulzura inexplicable en sus gestos y, como sin quererlo, cada vez unos giros más y más vertiginosos. No podías apartar la vista de ellos. Fue lo más hermoso que he podido contemplar nunca. Una vez terminaron se fueron con el mismo paso con el que habían llegado.


Cuando reaccionamos después de unos minutos del ondulante hechizo de los bailarines, esperamos a la siguiente sorpresa circense… pero no llegó. La gente comenzó a abandonar la carpa, entre enfadados y conmocionados sin saber bien que había sucedido. Y desde mi asiento de la tercera fila, al norte de la instalación, comencé a escuchar gritos.
Todos salimos en manada hacia el exterior, y lo que vimos fue mas impactante que la llegada de los forasteros. Nuestro pueblo, hasta nuestro horizonte, se habían convertido en una extensión arrasada que solo contenía los esqueletos chamuscados de lo que fueron nuestros hogares.


Ahora vivimos en la feria. Aquellos que la trajeron desparecieron, como si nunca hubiesen estado, pero nos dejaron toda su instalación, que sin saber porqué, sigue tan blanca e inmaculada como el día que la instalaron. Queremos saber, pero tememos.

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lunes, 29 de noviembre de 2010

- VI -


El Mar de Fuego y Plata.



A'balana, mi tierra de fuego y plata. Nos acogió hace eones, o siglos, o días y nos envuelve con su arena que parece hecha de espejo y que refleja la luz de nuestro brillante sol, cegandonos y haciendonos mantener ocultos mientras el día dure en nuestros refugios. Estos los tenemos escavados en la montañas y las cimas de nuestro pequeño valle. Fueron excavados por nuestros antecesores, y disponemos de todas las comodidades para sobrevivir. Durante años hemos trabajado en ellos, aportando cada vez mas niveles bajo tierra para poder acoger a una población cada vez mas numerosa. ¿Porqué no nos extendemos más allá del horizonte? De noche, nuestro ardiente mar se torna calmo. Refleja la luna mostrando nuestros reflejos a nuestro pies y el suave viento del sur nos invita para andar más allá de las magníficas entradas de nuestros hogares, ya libres del ardiente sol. Pero la calma nos hace confiados, y embobados por nuestro reflejos el viento inesperado del norte nos envuelve en una bruma brillante, y, como en un espejismo, creemos ver la seguridad de la comunidad, cuando en realidad, al querer dirigirnos a ella, nos dirigimos al reflejo que está situado a quilómetros. Este viento inesperado nos aterra, pues a muchos a arrancado de la mano de sus seres queridos. Todos aquellos desgraciados con la suerte de volver, han regresado tan ausentes en espiritus que ni tan siquiera nuestra medicina ha podido volverlos coherentes. Narran historias increibles, sobre tierras húmedas y fertiles, que les arrancan la respiración. Historias de monstruos abominables que los persiguen. Y ellos son los que han tenido suerte, la mayoría nunca vuelve.




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domingo, 10 de octubre de 2010

- V -

Y por fin llegó el día. Llevaba preparándolo unos tres meses, que aunque pudiesen parecer un período relativamente corto, a él le habían resultado eternos. Se levantó de la cama y apagó la alarma del despertador unos segundos antes de que empezara a sonar. Luego se vistió, y colocó bien las sábanas como hacía cada mañana. No quería levantar ninguna sospecha, por eso debía actuar sin variar un ápice sus costumbres. Se dirigió al comedor, donde le esperaban un bol de leche y una caja de cereales por estrenar. “Buen comienzo” pensó mientras se le esbozaba una sonrisa en los labios. Le encantaba abrir los paquetes de cereales.
Abrió la puerta del copiloto, se sentó y se abrochó el cinturón. A causa de su altura, la cinta negra le rozaba molestamente el lateral derecho del cuello. Pero podía soportarlo, por supuesto, no era nada comparado con el dolor que llevaba sufriendo la mayoría de las noches desde hacía varios años. La pierna le temblaba de impaciencia, mientras esperaba que sus padres acabaran de besuquearse. Los segundos se le antojaron infinitos, hasta que finalmente ese cabrón encendió el motor. Evitó mirarlo, y se aferró a su mochila azul y roja de los Looney Tunes. Cuando pensaba que ambos compartían la misma sangre, se le revolvía el estómago. El coche rugió, y se dirigieron hacia la salida de la ciudad. Una vez en la autopista, su padre le golpeó con los dedos en el hombro y le indicó con los ojos que encendiese la radio. Bajó la mirada, y una punzada semejante a la de una aguja al rojo vivo le hizo estremecer. El ano le ardía sobremanera esa mañana. Maldito cerdo. Seguro que ya le volvía a sangrar. Alargó la mano sin mirar el aparato, y pulsó el botón de encendido. Los Beatles, dios, otra vez. Cómo los odiaba, cómo lo odiaba todo. Su padre tarareaba, distraído. El velocímetro rozaba los 110 kilómetros por hora. Las pocas dudas que le quedaban se desvanecieron en un instante.
- Papá… - desabrochó ambos cinturones, uno con cada mano.
- ¿Pero qué coño…?
Se lanzó hacia el volante, y lo hizo girar con todas sus fuerzas. Su padre pisó el freno, aunque en vano, ya que el coche se encontraba a pocos metros de los bloques de hormigón que sí lo frenaron por completo. El frío y agudo beso del cristal en su frente le pareció un alivio. El ardiente abrazo del asfalto en su piel le pareció una cálida bienvenida. Y la rueda del camión que los aplastó, le pareció una bendición.

viernes, 1 de octubre de 2010

- IV -

Le gustaba mucho el chocolate, tanto que pasaba todo el día comiéndolo. Cuando iba a hacer la compra, procuraba contar con todas las marcas disponibles. Los huevos y la leche eran secundarios.

Su mujer ya estaba harta. En su despensa apenas había nada comestible que no tuviese un alto contenido en azúcar y un tanto por ciento de cacao. Por mucho que le gritara, su marido no cesaba en su obsesión. Se estaba volviendo una situación insostenible. A causa de sus hábitos, él apenas cabía en la cama. Ella recordaba con nostalgia cuando se casaron, como hacían deporte  juntos, sus noches apasionadas. Era  desesperante, ahora ni siquiera podía mirarlo a la cara. Lo amaba, sí, pero su enorme cara de pan aceitoso, antes con unos rasgos masculinos y marcados, le revolvía el estómago. No se consideraba una persona superficial, pero eso la superaba. Él la quería con locura, casi tanto como al chocolate (aunque hay una laguna en esa suposición) y la deseaba casi tanto como a la crema de cacao, pero ella no se le acercaba.

Un día, la amante y desnutrida esposa decidió hacer un sacrificio por su marido el día de su aniversario. Regalarle una noche de placer. Para ello se tumbó en la cama totalmente desnuda <<Mi amor, soy toda para ti. Te amo, hazme lo que quieras>>  a continuación se vendó los ojos.
El no pudo contener una erección instantánea y su mente comenzó a hervir de deseo  <<hazme lo que quieras>>. Ella estaba tan deliciosa y sugerente como una barrita de Toblerone, pero le faltaba algo.
Entre la amalgama de ideas sucias de su mente se vislumbró el resplandor de una lucecita. Fue corriendo a la cocina, se quedó atascado en la puerta pero era ya algo normal así que se desencajó y logró coger un tarro tamaño industrial con crema de chocolate con leche.

Fue a la habitación y comenzó a recubrir sensualmente a su mujer con el ungüento. Ella se estremecía con las caricias imaginando que era el hombre que un día fue. Una vez totalmente recubierta, la empezó a lamer centímetro a centímetro, pasó a esas manos que tantos buenos momentos le habían regalado, o dios, como le excitaba eso, como le abría el apetito.  Comenzó con mordisquitos que a ambos divertían y excitaban, hasta que al fin se entregaron ambos a sus pasiones. 

Ese fue el día más feliz de su vida. Al fin pasó una noche con su mujer, y probó el mejor chocolate del mundo “chocolate con amor”. Su mujer se divorció, el hecho de que su marido se comiera uno de sus brazos fue la gota que colmó el vaso.   


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jueves, 30 de septiembre de 2010

- III -

Como cada mañana Jorge, iniciaba su ronda por todo el pueblo. Era cartero desde los doce años, cuando acompañaba a su padre con el caballo casa por casa. Ahora las cosas se habían modernizado, pero él no había perdido la costumbre de visitar cada hogar para recoger las cartas de los habitantes, muchas de las cuales iban dirigidas a familiares que habían emigrado a la ciudad. Era de agradecer ya que muchos de los que vivían ahí eran ya gente mayor que apenas podía moverse dentro de su hogar, mucho menos ir a pie la larga distancia que los separaba del buzón de correo más cercano.


Pese a ser el también muy mayor y no haber tenido descendencia que le sustituyese, disfrutaba caminando por las callejas de piedra cuando hacía sol y luchando por no resbalarse cuando llovía, cosa que era muy habitual. Cada día cumplía su cometido. En su saco se juntaban cartas que narraban la morriña de alguien hacia sus seres queridos, o la alegría por saber que su familia contaba con un miembro más. Sin él, todos esos sentimientos se quedarían encerrados en el pueblo y lo harían un sitio sombrío y solitario.
La desgracia era que aquellas gentes olvidadas no solían recibir respuesta alguna, pero como gente luchadora, jamás cesaban en su empeño de hacer saber a los demás lo mucho que los amaban. Aunque esto le entristecía, el hecho de poder ayudar en esta empresa, era la mejor recompensa que Jorge podía recibir por su esfuerzo.


Por el contrario, en correos no estaban tan contentos. Cada día llegaba un saco lleno de cartas humedecidas y en blanco. Algunos de los trabajadores decían que provenían del antiguo pueblo hundido, aquel que se perdió cuando se desbordó la presa, pero procuraban no pensar mucho en ello.


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miércoles, 29 de septiembre de 2010

- II -

– Es fácil – me dijo –. Sólo tienes que tirar de esta palanquita hacia atrás.
Yo, que apenas era un saco de huesos, me tambaleé bajo el peso del arma. Nunca antes había tenido una en mis manos, y su frío tacto me provocó un ligero escalofrío.
– Primero apunta a la lata. Tienes que hacer que el palito de la punta coincida con lo que apuntes.
Levanté el rifle, y aprisioné la culata bajo mi axila para que el cañón dejara de temblar. Acto seguido, hice lo que me dijo. La pulsión me cogió completamente desprevenido, haciéndome volar medio metro hacia atrás. Caí de espaldas al suelo, y mi caja torácica hizo un ruido grave al chocar contra la tierra. Me costaba respirar. Empezó a reírse, y arrancó el rifle de mis manos. Yo me incorporé con dificultad, e intenté divisar si mi bala había impactado en el blanco. Me puse en pie de repente.
– Déjamelo probar otra vez, por favor. Sólo una vez más.
Se giró, y sonrió. Me lanzó el arma.
– Sólo una vez más.
Volví a la posición anterior, esta vez preparado para recibir el retroceso. No estaba preparado, sin embargo, para las ansias que de repente me golpearon. Imaginé -o eso creía- que me giraba, le miraba fijamente a los ojos, y le disparaba en la cabeza. Y cuando me di cuenta, el extremo de mi cañón jugueteaba con el ancho agujero humeante que se alojaba en el centro de su cara. Lo que quedaba de sus ojos me miraba, confundido y sorprendido a la vez.
En las semanas siguientes, no sentí remordimiento alguno. A decir verdad, no sentí nada. Ahora quizá me arrepiento.

martes, 28 de septiembre de 2010

- I -

- Ahí está otra vez… No hay forma de librarnos de esa maldita cámara… - K32 daba manotazos al aire sabiendo que sus esfuerzos serían infructuosos. Mientras, L12 se frotaba la cabeza calva mientras apoyaba su cuerpo en la pared.


-  Prefiero la cámara a sus visitas. La verdad es que se me revuelve el estómago cada vez que los veo… Estoy cansada de tener que amarte delante de esos ojos. Te quiero a ti, y mi amor solo es para ti, no para ellos – comenzó a llorar.

Él la abrazó consolándola y le susurró al oído palabras que esas paredes blancas no podían oir, y seguramente jamás comprender.

-   Se lo que vamos a hacer. Solo cógeme la mano. Vayamos al Jardín.

K32 cogió fuertemente a L12 y la arrastró a tal velocidad que esta creía que volaba. Las caras de los demás inquilinos se volvían borrones a su paso. Se pararon al final del largo pasillo que dividía el carguero en dos secciones Gamma y Lambda. En la primera se encontraban los pequeños apartamentos equipados con cama y aseo. En la segunda estaban los puestos de control y natalidad. Las paredes de ambas secciones eran de un cristal duro como el diamante que permitia ver lo que sucedía en el interior de cada sector. No era algo inusual ver a alguien en paños menores, nadie se sobresaltaba ni se turbaba.  Al final del pasillo estaba la puerta que daba a un hermoso jardín, igual que los de la tierra. Con plantas verdes y flores brillantes y fragantes.
-   ¿por qué venimos aquí? También hay cámaras – Su cabecita calva parecía a punto de estallar.
-   Mira las flores, que bellas… A ellas no les importan las cámaras. Se fertilizan unas a otras, se enredan entre ellas y mueren. Pero yo no puedo, soy demasiado egoísta. 
Caminaron mientras L12 guardaba en su memoria todos los olores dulces y figuras abstractas que formaban las plantas. K32 aparto ligeramente unos setos y mostró una puerta negra cerrada herméticamente
-   ¿Ves esa puerta? L56 y yo la usamos el anterior ciclo para hacer el mantenimiento de los conductores de oxígeno exteriores. Da a una cabina de despresurización… ¿sabes lo que significa?
Los ojos de ella se llenaron de lágrimas y se apretó al pecho de él, que la beso en la cabeza. Abrió la puerta sin dudarlo un segundo, provocando que saltaran las alarmas.
-  “ Kritch Esg traugiok, Ioptrp Rushk traugiok”
Se comenzaron a  escuchar pasos acelerados acercandose al jardín. Ambos miraron asustados aunque conocían lo que verían. La guardia corría hacia ellos con sus miembros babosos y bamboleantes sujetados por los trajes compresores que evitaban que sus cuerpos se desparramasen por el peso de la presión atmosférica de la nave. K32 y L12 entraron en la cabina blanca y cerraron la puerta justo en el instante en que uno de los guardias disparó su arma en una de las extremidades de L12 dejando que la sangre anacarada inundase el suelo. Esta cayó y gimió.  Su pareja la abrazó y se besaron justo antes de que la mano de K32 dejase abierta la puerta que los envió a la infinita intimidad que congeló las lágrimas de ambos al instante.





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Por mucho que se esfuerce el “creatio ex nihilo” en demostrar lo contrario “creatio ex materia” lo contradice, y es que “ex nihilo nihil fit” porque no podemos demostrar que el tiempo surgió, ni el universo.
Igual que nada surge de la nada, los relatos surgen de una pequeña idea o imagen, en ocasiones de un recuerdo borroso o de uno que ya habíamos, paradójicamente, olvidado. Por eso conviene capturarlos y plasmarlos en cuanto estén cerca, para que no vuelvan a escapar. Si alguien los encuentra, algo surgirá de esa semilla y el ciclo seguirá y seguirá.
Creamos este pequeño espacio, una cárcel para estas historias que serán devoradas en dos minutos y medio, medio más, medio menos.